viernes, 29 de julio de 2011

Discurso pronunciado por el Gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, durante el Concierto-Homenaje al Emmo. Sr. Cardenal Juan Sandoval Iñiguez

Acudí esta noche a hacer un merecido reconocimiento al Cardenal Juan Sandoval, me parece oportuno reflexionar sobre la misión que en nuestra comunidad han llevado históricamente a cabo los obispos, una responsabilidad que va más allá del consejo o la prédica, una responsabilidad que se ha traducido en obras, en trabajo y en esfuerzos continuos por la dignidad y el bienestar de cada ser humano, en especial de los más pobres y sufrientes.

Jalisco ha sido testigo de ese trabajo y de ese esfuerzo pues hemos tenido la fortuna de contar con grandes hombres de fe y de obras al frente de la Arquidiócesis de Guadalajara, como Fray Antonio Alcalde; el Obispo Cabañas; Monseñor Orozco y Jiménez; el Cardenal Garibi; el Cardenal Salazar o el Cardenal Posadas. Obras como el Hospital Civil, la Universidad de Guadalajara, el Hospicio Cabañas y Cáritas son muestras del gran compromiso que los pastores católicos de Jalisco han tenido hacia este pueblo. Estoy también seguro nuestra historia en Jalisco registrará como el señor Cardenal ayudó a fomentar en Jalisco una sociedad más humana, fraterna, justa y solidaria.

Este homenaje nos brinda también una gran oportunidad para reflexionar sobre la importancia que ha tenido y tiene, el cristianismo en el desarrollo de la historia de nuestro País y de Jalisco.

En nuestra cultura, en nuestra arquitectura, en nuestras tradiciones se muestran las raíces cristianas que forjaron una parte de la identidad jalisciense. Esta fe ha dado frutos y ha repartido obras en la comunidad, en la enseñanza, en el arte, en la asistencia social.

Por otra parte, en nuestra Patria hemos desaprovechado la oportunidad de crecer en un régimen de libertades de culto y de consciencia, dado una laicismo excluyente en forma de intolerancia, para algunos pareciera que la dimensión religiosa debe quedar al margen del debate público, en nombre de la laicidad del Estado y por tanto de la aplicación de la Ley.
La laicidad no puede ser concebida como espacio vacío de identidades religiosas, ya que es un hecho concreto que las religiones existen e inciden en la vida social, inciden en el modo de vivir y de pensar, de pensar el amor, el trabajo, la justicias y hasta el dinero. La presencia de las iglesias no debe ser percibida como una injerencia, sino como una posibilidad de edificación común de la sociedad civil. Como sociedad, lo importante es discutir si la visión del hombre que se propone es más humana si defiende y cumple más la libertad del hombre y su deseo de felicidad.

En una sociedad plural no hay que tener miedo a las iglesias y a la religión, estas deben presentar públicamente su propuesta, porque como dijo Benedicto XVI, es inconcebible que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos, la fe, para ser ciudadanos activos.

Sólo en ésta apertura a la realidad del hombre, podemos dejar atrás los lastres que por años han dejado las ideologías y podremos entonces construir una sociedad más tolerante, más incluyente, más justa, más libre y con una firme convicción por la defensa de los derechos humanos de todos.

En Jalisco, al retomar nuestra historia y nuestras raíces, queremos seguir mirando hacia el futuro, con la esperanza de continuar construyendo una sociedad incluyente, plural y abierta, con ciudadanos activos y comprometidos.

Con ésta visión, reconocemos la labor de todos los hombres de bien que gracias a su compromiso han dispuesto su vida por los jaliscienses, por eso es justo que por su trayectoria, por sus obras y por su generosidad, brindemos este reconocimiento al Cardenal Juan Sandoval Íñiguez.

Le reconocemos y agradecemos señor Cardenal, los sacrificios que ha representado su vida consagrada, su fidelidad a su vocación, su trabajo en pro de la formación de gente de bien y el sostenimiento de las comunidades católicas en Jalisco, que tanto dan en educación, en asistencia social, en salud, en atención a los pobres y marginados.

Lo más profundo de ser humano, es ser agradecido, el agradecimiento es reconocer el bien que hace el otro, aunque no sea uno mismo quién lo reciba, y es que la raíz de los problemas humanos radica en la falta de amor, y es sólo el amor digno de fe.

Es tiempo de encontrar lo común y construir, por eso apreciamos el testimonio de quienes llevado por la esperanza cada día trabajan por construir un mundo más justo y más solidario, como lo hace don Juan Sandoval Iñiguez, por ello, muchas gracias señor Cardenal.

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